En 1876, los hermanos Michael y Edward Mulhall publicaron una segunda edición de su “Manual de las Repúblicas del Plata”. Era un tomo de 404 páginas -más muchas con avisos, sin numerar- que contenía “datos topográficos, históricos y económicos”, de Argentina, Uruguay, Paraguay y las Islas Malvinas.
En la parte referida a Tucumán, destacaba que “pocas ciudades de la República tienen una proporción tan elevada (32 por ciento) de personas que saben leer”, y que “los extranjeros son el 1 por ciento de la población”.
Tienen interés sus datos sobre las distancias en esa época. De Tucumán a Buenos Aires, según la línea telegráfica había 275 leguas, mientras se calculaba 358 leguas “por el camino real que recorrían las diligencias, cuando era viaje de algunas semanas”. Agregaba que las carretas de bueyes hacían “el viaje redondo entre Tucumán y Rosario en un año, estando a menudo expuestos a los indios”.
En ese momento, se podía ir de Buenos Aires a Tucumán en cinco días, ya que el ferrocarril de Córdoba, en agosto de 1875, llegaba hasta San Pablo. Agregaba que, cuando estuviera terminado (cosa que ocurrió en octubre de 1876, año de edición del “Manual”), el viaje “será de tres días: el primero al Rosario, el segundo a Córdoba, el tercero a Tucumán”.
Informaba que el empresario José Télfener entregó la primera sección de la línea hasta Jesús María, en marzo de 1874 y que llegó a Recreo en marzo de 1875. “La trocha es de un metro y la línea costará 7 y medio millones de pesos fuertes, sin contar el ramal que saldrá de Totoralejos para La Rioja y Catamarca. Se denomina Gran Ferrocarril del Norte Central; es propiedad del Gobierno Nacional, quien paga su construcción con parte del Empréstito de Obras Públicas hecho en Londres en 1872”.